Era ahora por la «siegaelcenteno» cuando un buen día después de siesta me empezó diciendo: «PUS DIZ QUERA UNA VEZ» (todos cuentos empezaban así) que en el invierno un pueblo se quedó sin cura (…) Un texto de José Vicente el de Villamor (de la Ladre)
La abuela Valentina
Mi abuela Valentina, que en gloria esté, solía cuidarme de vez en cuando, sobre todo en la «siegaelcenteno» que mi padre y mi madre marchaban a segar «pa tol día». Solía darme alguna onza de chocolate, alguna paciencia (revenidas unas veces y resecas otras) y alguna «perra gorda«de longaniza. Aunque era algo rezungona (no mas que las otras abuelas vecinas) me quería mucho y yo a ella también.
Era chiquitica, muy aplicada p’al huerto y amiga de hacer las cosas bien; no en vano decían «della»: Pa guapa y buena moza Rufina, pero pa fina Valentina. «Ambas dos» pasaron de los noventa un cacho grande. ¡ velai noventa y seis o paí!

Afortunadamente hemos descubierto este, ¡QUE POQUITOS SE VEN!
La abuela Valentina sabía muchos cantares, muchos chascarrillos y mucho de todo… tiempo había tenido «pa deprenderlos«. Los cantares, que todos tenían la misma tonada, los cantaba en la trilla, pa no dormirse, cuando iba sentada en el trillo; los cuentos y chascarrillos me los contaba a mí, y a «tol que se pusiera por delantre».
Y empieza el cuento…
Era ahora por la «siegaelcenteno» cuando un buen día después de siesta me empezó diciendo: «PUS DIZ QUERA UNA VEZ» (todos cuentos empezaban así) que en el invierno un pueblo se quedó sin cura. En un principio bien que mal, como el pueblo no era «mi grande» con el cura del pueblo de al lao se fueron arreglando. El rosario se lo decía la señora maestra, los días de diario no había misa y los domingos, montao en una burra cardosa, el cura del otro pueblo iba a decir la misa y a confesar al que «tuviera falta d’ello«.
Cara a la Semana Santa y a la Pascua del año siguiente mandaron un cura nuevo. Era «guapomozo» y bien portao, y aunque venía siendo de la capital le gustaba mucho hablar con la gente, tal fue así que en nada de tiempo cogió confianza con «to cirriburri«.
De las faenas del campo sabía entre poco y nada pero «tol rato» estaba dispuesto a ayudar a «cualesquiera» que lo necesitara
Y llegó el mes de julio y la «siegalcenteno«

El tío Lorenzo aunque «tenié un capitalico algo allá» había sembrao mucho p’al monte, la su labranza y otras tres tierras que le había cedido su cuñao Mateo. El muchacho estaba en el servicio, la mujer «tenié que dir» con las vacas pal valle y entre la motila, unos días que anduvo «macanche» y «que si yo» el hombre se estaba «quedando patrás«, circunstancia que llegó a oídos del señor cura.
El cura se dió a ver con él y si no por no, medio en serio medio en broma, acordaron que al sotrodía sobre la «salidalsol» se verían en el rastrojo de la tierra del Modorrino que era donde el tío Lorenzo tenía el corte y así fue.
-Buenos días nos de Dios, saludó el cura.
-Buenos días, contestó el tío Lorenzo, quien después de cuatro cumplidos le dijo:
-¿Sabe usté algo de esto de segar?
-Pues no, pero para todo hay una primera vez.
-Es la verdá, que nadie ha nacio enseñao, pero esto tien las letras gordas.
-Usté tira palante la hoz, trayendo hacia pacá las pajas y con la manada bien apretada baja la hoz y las corta bien abajo. Después las pone encima de las mías.
-Tenga cuidao con eso que verdega, son gatuñas y si se pica uno «malingran’ mucho.
El tío Lorenzo dió 4 o 5 golpes de hoz «paquel cura lo viera». Este se «espernacó en el suco» y trató de imitarlo; decidió quitarse la sotana y dejarla sobre un manojo.
-No la deje ahí al «rechinasol» póngala sobre el montón, pal lao la sombra y si le pon un manojo encima no estarié nada mal.
Una vez puestos en canción decidieron que el cura llevara solo dos sucos.
Las tierras del Modorrino están todas en cuesta. Ris ras, ris ras, algo desigualao le quedaba el rastrojo, pero el cura pallá que iba.
Por aguantar, por aguantar, un buen rato por la mañana, que el cuerpo estaba descansao, el ti Lorenzo segaba a vuelta y revuelta y claro si antes habían ido cuesta arriba, ahora volvían cuesta abajo.
La calor empieza a apretar
Entre que la cuesta abajo hay que agacharse uno mas, el calor que empezaba a apretar, la falta de costumbre… todo se juntaba y el cura creyó no poder aguantar mas. El ti Lorenzo, que era algo zorro, al darse cuenta del percal apretó alguito el paso y el cura por no quedarse patrás hizo lo mismo y el pobre empezó a desesperarse. Rezó cuantas letanías sabía, se encomendó al Cristo de los Trabajos (cuya imagen se venera en Laguna de Duero) y dijo para sus adentros: Señor, hágase tu voluntad. Por fin llegaron «con la sucada a la puntabajo«, y allí estaba Teresa que había venido de las vacas de pal valle.
Las alforjas extendidas y sobre ellas un trapo de cuadros blancos y coloraos dispuesto para » regogiar las diez» allí esbarilaos a la sombra del roble un buen «cacho chorizo de los gordos» y unas pintas de vino. El chorizo, » por mo de la calor» al cortarlo con la navaja «churriaba» sobre el pan ese «moje colorao» que gusta tanto, y al cura que le habían dejao el rescaño… ¡escuso deciros! comía a dos carrillos.
– ¡De esto no os daban en el seminario eh señor cura! bueno ni en el seminario ni en parte ninguna…
-Pues no tío Lorenzo, pero tampoco nos mandaban segar cuesta abajo.
Y al terminar:
-Venga señor cura, coja usté la sotana y la bicicleta que p’al primer día basta bien. Tenga cuidao allí a la «puntarriba» que suel haber abrojos, no se le vaya a pinchar la bicicleta.
El desenlace final
Fue pasando el año y llegó la Navidá y el año siguiente; velaí que fuera por marzo, llegó la Semana Santa y las confesiones y el buen cura después de escuchar los pecados de cada feligrés que confesaba le preguntaba:
-¿Tu has segao cuesta abajo alguna vez?
-Pues claro señor cura, «tolos años» algún rato que otro hemos segao cuesta abajo.
-Pues ala, santíguate y reza un «Padrenuestro» que ya has hecho suficiente penitencia.
Y el penitente arrodillado, por allí cerca: Padre nuestro, que estás en el cielo, santificado sea tu nombre…
Y el cura instintivamente desde el confesonario: Pater noster, qui es in caelis, santificetur nomen tuum, adveniat regnum tuum…
Y como siempre HA INTENTADO ENTRETENEROS Jose-Vicente el de Villamor, para servir a Dios y a usté y el que tenga una peseta que me la dé.
¡Un poco largo ha sido esta vez! 🤷🏻♀️🤷🏻♀️ la próxima será mas corto. 😀😀
SALÚ A TODOS!
