Junto a la ruta CL-527, la antigua casilla de peones camineros lleva años abandonada.
Fue la casa de quienes cuidaban a pie los caminos y mantenían la carretera en buen estado.
Hoy su deterioro nos recuerda la importancia de no dejar perder este pequeño pero valioso patrimonio.
Pablo Garrido – Fadón (Zamora)
A pie de la carretera autonómica CL-527, en Fadón (anejo de Bermillo), se alza una construcción discreta cuyo muro norte marca «A Bermillo, 9 kilómetros», Fermoselle, 35 kilómetros». Se trata de un edificio que, durante más de un siglo, formó parte esencial del sistema de conservación de carreteras de España: la casilla de peones camineros

Un sistema creado en tiempos de Isabel II
Estas casillas nacieron tras el Real Decreto de 25 de junio de 1852, firmado durante el reinado de Isabel II, que ordenaba su construcción para alojar a los peones camineros. Su función era clara: garantizar el mantenimiento continuo de los caminos. Cada peón tenía asignado aproximadamente una legua —unos 5,5 kilómetros— que debía recorrer a pie para reparar firmes, limpiar cunetas, vigilar puentes y mantener transitable la vía en cualquier circunstancia.
La casilla de Fadón, única en pie de las 7 que existieron C527
La casilla de Fadón, perteneciente al término municipal de Bermillo de Sayago y situada en la carretera hacia Fermoselle, es propiedad de la Junta de Castilla y León. En 2018 salió a subasta pública, pero el proceso quedó desierto. Desde entonces, el edificio continúa sin uso y sin un proyecto de rehabilitación visible.

Más allá de su estado físico, lo que está en juego es su valor patrimonial. Estas construcciones no eran simples viviendas auxiliares. Representaban una forma de organización territorial ligada al desarrollo del Estado moderno y a la consolidación de la red viaria. En tiempos de Carlos IV ya se había creado la Inspección General de Caminos (1799), pero fue en el siglo XIX cuando el mantenimiento de carreteras se profesionalizó y reguló mediante leyes y reglamentos específicos.
Rótulos con esgrafiado
Un elemento singular de la casilla de Fadón es que sus rótulos informativos no están realizados en azulejería —como era habitual— sino mediante esgrafiado, una técnica menos común que refuerza su singularidad como pieza de patrimonio gráfico rural.

Durante las últimas décadas del siglo XX muchas de estas casillas fueron demolidas o transformadas, desapareciendo con ellas la memoria material de los peones camineros. Hoy, los operarios de los Centros de Conservación y Explotación (COEX) cumplen esas mismas funciones, pero sin la presencia física y cotidiana que marcó durante generaciones el paisaje de nuestras carreteras.
La casilla de Fadón es uno de los pocos testimonios que sobreviven en la comarca de Sayago. Su deterioro no es solo una cuestión arquitectónica; es también la pérdida de una parte de la historia del trabajo público, de la señalización viaria y de la cultura material asociada a la movilidad.

Preservarla no significa únicamente restaurar un edificio. Significa reconocer el valor de un patrimonio modesto pero fundamental, vinculado a la memoria colectiva de quienes cuidaron los caminos por los que hoy seguimos transitando. ¿Hacemos algo o seguimos perdiendo el patrimonio que nuestros antepasados nos legaron?
