Hoy, día de San Atilano, Pruden de Monumenta nos cuenta cómo era esta fiesta en su pueblo (años ha)

Hola a todos.
San Atilano, nuestra fiesta.
Recordamos cómo las madres de la familia habían matado un pollo de aquellos que eran tempranos. La víspera habíamos ido a buscar a Santa Ana a la ermita por la tarde. Luego por la noche el baile de la víspera.

Blas de Torregamones, el tamborilero oficial

Años ha, que teníamos un tamborilero. ¿Quién no recuerda a Blas de Torregamones? Tan dicharachero, que bien lo pasábamos.

Luego pasamos al tocadiscos, previo a Blas unos músicos, que íbamos para la era a bailar porque entonces no se necesitaban tantos decibelios y nos llegaba. Allí en la era, con la hierba verde, los tacones se clavaban un poco en la tierra, pero todo por estar guapos/as ese día. Además las mujeres, habíamos guardado en secreto el vestido que nos íbamos a poner para que se quedarán boquiabiertas las otras al ver nuestros modelos nuevos.

La comida preparada, para luego volver al rosario y ofertorio

ofertorio de monumenta de sayago (zamora) años 70
Procesión del ofertorio en Monumenta | Foto de Pruden Garrote


El día 5 teníamos la misa tarde allá a las 12 o más, para que tuvieran tiempo nuestros familiares de venir de otros pueblos, y nuestras madres para dejar el pollo ya para echarle nada más el arroz al salir de misa y estuviera la comida para luego volver al rosario , el ofrecimiento, y los más mayores a echarle el herrén seco a las vacas para que comieran y no tener que ir con ellas al monte.
Cuando ya terminaba el rosario y el ofertorio los dominarios pagaban al cura y ya íbamos a bailar.

El baile de la tarde

Foto de la iglesia de San Clemente en Monumenta / Autor: José Luis Ordax

El baile de la tarde se hacía allí delante de la iglesia y en la pared, que era baja entonces, se sentaban las madres y las abuelas para ver bien los vestidos y zapatos nuevos, además de ver quién bailaba con quién y tener materia para comentar posibles noviazgos. Si andaba aire podía levantar un poco los vestidos y dejar ver alguna puntilla de las enaguas que las madres o abuelas nos habían hecho.
Previo a empezar el baile, con las madres ya sentadas, las mozas se ponían de pie y los mozos las iban invitando a bailar y así los más atrevidos iban venciendo la vergüenza y se empezaba el baile de la tarde. Solía durar hasta el toque de la oración.
Luego, a cenar y después el de la noche, que solía durar no más de las 12.
Al día siguiente a seguir con la vida.

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