Relatos con el alma a cuestas, hoy: El río que nos lleva…

Abrimos una sección de relatos en pueblosdesayago.com y que mejor invitada que Nines Carrascal, gestora y productora teatral, investigadora, sayaguesa (muy de Bermillo) y amiga.

Durante el confinamiento, Nines publicó una suerte de relatos en su muro de Facebook que, día a día, nos atraparon. Una especie de “terapia casera e improvisada” que le ayudó (y nos ayudó) a sobrellevar la situación. Para muchos de nosotros, la convivencia con la pandemia, la enfermedad y la muerte ha sido una prueba vital que ha sacado lo mejor y lo peor de nosotros. La escritura, en esta ocasión, ha sido para Nines una manera de sujetarse a lo trascendente, a lo emocional, a lo trivial en algunas ocasiones… porque había días que lo que ocurría fuera era dramático.

(Gracias Nines por aceptar la publicación de algunos de tus relatos. Empezamos.)

Relatos con el alma a cuestas, por Nines Carrascal

El río que nos lleva

abuelo antonio con nines en brazos, bermillo de sayago
Abuelo Antonio con Nines en brazos

Antonio nació en un pueblo muy pequeño frente a Portugal. No tuvo hermanos. Cuando era un mozalbete subió a un camión y se lo llevaron al frente. Estuvo en Segovia hasta el final de la guerra. Volvió al pueblo sin heridas aparentes, pero con una bala guardada en el fondo de su alma.  En la plaza se acercó a una moza y la acompañó a casa.  Se casaron sin mediar palabra. Los primeros quince años compartían un corral con los animales.  Ellos nunca lo llamaron casa. Una cuadra, una lumbre, una mesa y un jergón. Nacieron tres hijos, dos niñas y un niño.  Las niñas tiraron palante pero el niño sobrevivió apenas un mes. El abuelo lo enterró en una caja de zapatos. Un día la familia emigró. Un carro, una familia, dos vacas y cuatro trastos.  Treinta y cinco kilómetros hasta el frente. Volver a empezar. Las niñas crecieron, se casaron y nacieron los nietos.  En la foto mi abuelo Antonio me sostiene en brazos. Tiene más o menos cincuenta años y soy su primera  nieta. Es la primera vez que le veo sonreir. Su piel asolanada parece de terciopelo. Viene de la trilla, es verano y está en mangas de camisa. Me levanta al peso como si fuera un trofeo. Brinda por la vida.  Me invade un profundo sentimiento de fragilidad y una necesidad  casi animal de recordarle. Lo que se de la guerra me lo contó él.  Por aquel entonces peleaba contra el olvido con los puños cerrados. Se mordía la lengua. La guerra nunca se va, se disfraza. Hoy el virus nos atrinchera en casa y son ellos, los abuelos y abuelas, los que libran de nuevo esta batalla. Me acuerdo de Antonio, aquel mozalbete que se ganó el derecho a vivir en todos los frentes.  Levanto su foto como si fuera un trofeo. Brindo por él. Se lo debo. #portodosellos

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