La heroica excavación de un pueblo subterráneo, Fermoselle

¿CUÁNTO SE TARDABA EN PICAR UNA BODEGA EN ROCA?, estas y otras preguntas las intentamos responder de la mano de Jose A. Martínez Pedreira

Solemos decir que la gente de antes estaba hecha de otra pasta, hombres y mujeres de manos curtidas que trabajaban sin cesar. En la rocosa villa de Fermoselle estas frases están más que justificadas sólo con alzar la vista, o con bajarla, ya que ese trabajo también se manifiesta bajo calles, plazas y viviendas.

Entre investigadores, turistas y curiosos, sin descartar a los propios fermosellanos y fermosellanas, rondan preguntas básicas tras visitar las insólitas bodegas subterráneas del municipio: ¿Cuándo se hizo todo esto? ¿Con qué propósito? Porque vemos que la roca, de granito y gneis en lugar de las típicas de arcilla, se desgarra ante los picos que otrora le sacaron las entrañas, pero queremos saber cuándo lo hicieron y porqué. Vamos acorralando las respuestas, pero, veamos por encima cómo son las bodegas y a ver si conseguimos resolver la pregunta típica que hoy presentamos:¿Cuánto se tardaba en picar una bodega?

Las bodegas de Fermoselle… ni son romanas, ni habitables

Por el momento, para alcanzar resultados debemos caminar por el pedregoso camino que recorre la historia entre realidad y fantasía, increpado en muchas ocasiones con atajos que pretenden satisfacer la curiosidad con respuestas edulcoradas. Es necesario analizar todo sin prisa ya que incluso la fantasía nos da pistas, por ejemplo, se habla de un origen romano de las bodegas donde estas se usaban como viviendas; son muchos los argumentos que lo contradicen, ni son romanas ni su origen era como vivienda. La temperatura media en las bodegas es de 11 grados (ideal para el ahorro energético en verano), pero… ¿Habitables? La respuesta, evidentemente, es no.

Las bodegas de Fermoselle… el ingenio frente a la necesidad

Características como baja temperatura, cruda humedad, aislamiento granítico y nula luz solar, entre otras, convierten a las excavaciones en perfectas fresqueras, así como idóneos aljibes para reservas de agua. Esto nos lleva a pensar en los pioneros excavadores de bodegas como vecinos del pueblo, sabedores de las posibilidades que nos daba la tierra, que se lanzaron por pura necesidad, pico y pala, cincel y mazo, a excavar pequeñas estancias subterráneas para crear depósitos de agua en la propia roca -dada la escasez de capa freática- a la vez que frigoríficos ecológicos ¡Qué de ingenio ha nacido de la necesidad!

El carácter de bodega de vino le fue dado a las excavaciones a posteriori, posiblemente a partir del siglo XVI (ojo, es tan sólo una hipótesis), una vez se reconoce que las características mencionadas convierten al subsuelo en edén vinícola, al servicio, siempre heroico, de los artesanos del oro líquido. 

Pero… ¿Cuánto se tardaba en excavar una bodega?

interior de una bodega excabada en roca en fermoselle, zamora, espanha

Cuando analizamos el tiempo que se podía tardar en picar una bodega hasta darle funcionalidad, debemos valorar antes que nada su forma para deducir el enfoque económico que tenía. Una bodega de uso familiar no va a tardar en excavarse lo mismo que una bodega comercial, más que nada por el número de personas empleadas en picar la bodega, a la vez que el tiempo dedicado y los recursos disponibles.

Las bodegas familiares eran normalmente excavadas en invierno, cuando la labor en el campo no era tan densa y las noches eran más largas. La excavación dependía del número de familiares implicados, así como de los recursos disponibles. En muchas ocasiones eran varias familias las que trabajaban en una misma bodega, con picos y cinceles, para dividir posteriormente el espacio entre los participantes implicados en la obra.

Las bodegas con un enfoque comercial, en su lugar, podían ser excavadas en otros momentos del año, aunque siguieran primando las frías jornadas invernales, siempre bajo la tenue luz de candiles y velas. Solemos encontrar espacios excavados y construidos, con mayores dimensiones que los tradicionales familiares por la simple lógica de una producción más densa. En estas excavaciones se veían implicados constructores que dirigían la obra y organizaban las labores, a la vez que establecían objetivos a corto plazo. Todo esto demuestra que las bodegas de perspectiva comercial, posteriores en su mayoría al siglo XVIII, se excavaban con mayor rapidez.

Útiles tras 20 años de obras

Podemos resumir en que los inicios fueron más pausados, obras lentas que dependían de las necesidades y el esfuerzo de los vecinos, aunque considerando que casi todas las excavaciones lograban ser útiles antes de los veinte años de obras. Por un lado, la ingeniería se fue perfeccionando con el tiempo mediante técnicas más precisas y mejores herramientas y, por otro lado, los vecinos y vecinas de Fermoselle comenzaron a asociarse, a contratar jornaleros, a profesionales de obra y, por último, a oficiales especializados -constructores de arcos, de cubas, de tinos o albañales, entre otros-, logrando espacios más amplios y útiles a la vez que reducían el tiempo de construcción. A esto se suma la gran demanda en el periodo de superación de la Filoxera y, paralelamente, liberación de impuestos, en los años veinte y treinta del pasado siglo, donde Fermoselle amplía su mercado en un radio de cientos de kilómetros, alcanzando Galicia.

Ahora bien, la ampliación y la perfección de los espacios se seguirían llevando a cabo durante siglos, a veces vemos modificaciones hechas más de trescientos años después de la primitiva excavación, incluso a día de hoy se siguen modificando, pero esto no nos permite decir que se tardaba cuatrocientos años en picar una bodega como podemos encontrar en ciertas fuentes actuales, no tendría sentido que los vecinos comenzasen una obra por necesidad y, como si fuesen arquitectos del medievo, reconocieran que no verían en vida la obra terminada. Las bodegas al fin y al cabo son espacios funcionales, vestigios de un pasado donde la escasez determinaba los ritmos sociales y, por lo tanto, donde se trabajaba por un fin cercano.

Sobre Jose A. Martinez Pedreira
El autor de esta entrada es Graduado en Historia del Arte y ha trabajado durante varios años como técnico de turismo en Fermoselle, ha enseñado como guía las bodegas subterráneas de la villa y, desde entonces, está realizando una investigación académica sobre las mismas.

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