Sin cambios tras la protesta: la presa de Almendra-Argusino sigue cerrada al turismo


Han pasado 8 meses desde las protestas y, a día de hoy, la situación sigue exactamente igual. Bolardos y vallas impidiendo la parada de coches en los puntos que durante décadas funcionaron como miradores naturales entre Sayago y Arribes

En abril de 2025 se organizó una gran movilización social. Unas 2.000 personas formaron una cadena humana para protestar por el cierre y reclamar la recuperación de los espacios públicos del entorno. Ayuntamientos, asociaciones, negocios turísticos y vecinos se sumaron a una protesta que iba más allá del turismo: era una reclamación de respeto al territorio y a quienes viven en él.

Pese a esa presión social, y pese a los anuncios institucionales, no se ha materializado ningún cambio.

El anuncio que no llegó

Tras la protesta, Iberdrola y la Junta de Castilla y León firmaron un protocolo para crear un nuevo mirador con aparcamiento, que sería incorporado a la Red de Miradores Singulares de Castilla y León. Se habló de turismo sostenible, cohesión territorial y puesta en valor del patrimonio natural.

Pero hoy, meses después, no hay obras, no hay ubicación concreta, no hay plazos y no hay información pública clara. El mirador anunciado sigue siendo solo eso: un anuncio.

Mientras tanto, la realidad es esta: quien quiera ver la presa desde su parte central debe caminar cerca de cuatro kilómetros entre ida y vuelta. Eso deja fuera a personas mayores, familias con carritos, personas con movilidad reducida y a buena parte del turismo ocasional que antes se detenía, miraba, hacía una foto y seguía su ruta por Sayago y Arribes.

Visita reciente: todo sigue igual

El pasado sábado por la noche, la presa presentaba el mismo escenario que en noviembre: bolardos en los accesos, vallas en los antiguos miradores y luminarias apagadas. No hay señales de obras, ni de mejoras, ni de alternativas reales para el visitante.

La prohibición de aparcar se mantiene bajo el argumento de que la presa es una “infraestructura crítica” y que así se adaptan sus accesos a los estándares europeos de seguridad. Iberdrola insiste en que no se ha cerrado al turismo, solo al estacionamiento y a la parada sobre la coronación.

En la práctica, el efecto es claro: menos coches, menos paradas, menos visitantes y menos consumo en los pueblos cercanos.

Un recurso que sostenía economía local

La presa de Almendra es la más alta de España, con 202 metros, y una de las de mayor capacidad. Forma parte del Parque Natural Arribes del Duero y ha sido, junto al Pozo de los Humos y la presa de Aldeadávila, uno de los principales reclamos turísticos de la zona.

Fuente: Wikipedia

Cada coche que se detenía era una oportunidad: alguien que tomaba un café, comía, dormía o repostaba. En comarcas marcadas por la despoblación, eso no es un detalle: es supervivencia económica.

Los alcaldes de la zona lo dicen sin rodeos: cada recurso que se pierde es “un clavo más en el ataúd del mundo rural”.

Qué se podría hacer

Si el estacionamiento en la coronación no puede recuperarse, las soluciones pasan por dos vías claras:

– Crear nuevos aparcamientos en puntos cercanos y accesibles, bien señalizados, que permitan llegar caminando sin recorridos extremos.
– Organizar rutas guiadas desde esos aparcamientos, que conviertan la visita en una experiencia ordenada, segura y compatible con la normativa.

Eso exige voluntad política, coordinación con la empresa concesionaria y respeto por quienes viven en el territorio. No se trata de pedir privilegios, sino de recuperar lo que ya existía: normalidad.

Hoy, tras manifestaciones, promesas y protocolos, el balance es simple: NO SE HA HECHO NADA. Y mientras no se haga, la presa de Almendra seguirá siendo un símbolo, no solo de ingeniería, sino también del abandono progresivo del medio rural.

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