Los Viriatos de Sayago ondean en Zamora en un desfile de pendones marcado por el viento y la emoción

Más de sesenta estandartes de Zamora, León, Palencia y Miranda do Douro recorrieron el casco antiguo de la capital en el cierre del II Congreso Los Pendones


Zamora volvió a mirar este sábado hacia sus raíces. Más de sesenta pendones procedentes de pueblos de Zamora, León, Palencia y de la vecina zona portuguesa de Miranda do Douro desfilaron por las calles del casco antiguo de la capital, acompañados por una comitiva cercana al medio millar de personas y arropados por numeroso público.

Los pendones cruzando el renovado Puente de Piedra de Zamora

Durante casi dos horas, los pendoneros llevaron los grandes estandartes al ritmo de la música tradicional en un recorrido que dejó imágenes de gran fuerza visual en el Puente de Piedra, la calle Balborraz, la Plaza Mayor, las rúas del casco antiguo y la plaza de la Catedral. El desfile sirvió como cierre del II Congreso “Los Pendones. Historia, conservación y puesta en valor de un bien inmaterial”, celebrado en Zamora para profundizar en el significado, cuidado y futuro de esta tradición.

Entre los protagonistas destacados estuvieron los Viriatos de Sayago, los ocho pendones blancos que representan a los pueblos que cada primer domingo de junio se hermanan en la romería de la Virgen del Castillo de Fariza, en pleno corazón de los Arribes del Duero. Su presencia llamó especialmente la atención por su singularidad: frente al colorido habitual de otros pendones concejiles, los Viriatos destacan por su color blanco y por su gran altura, que puede alcanzar entre doce y catorce metros.

El viento añadió dificultad al desfile, sobre todo en el paso por el Puente de Piedra y en algunos tramos abiertos del recorrido. Los pendoneros tuvieron que emplearse a fondo para mantener en pie los estandartes, especialmente los de mayor tamaño, que requieren no solo del portador principal, sino también de varias personas sujetando las cuerdas auxiliares, conocidas entre los pendoneros como “el remo”.

La jornada dejó también algún momento de tensión. Según relatan testigos y colaboradores presentes en el desfile, uno de los pendones sufrió una caída en la avenida del Mengue a causa de una ráfaga de viento, con rotura parcial del palo, aunque los portadores lograron resolver la situación y continuar la marcha entre los aplausos del público. Más adelante, en la subida de Balborraz, un cable obligó a bajar con cuidado algunos pendones para poder superar el obstáculo y volver a izarlos después.

Lejos de empañar la jornada, estos contratiempos subrayaron la dificultad real de portar un pendón y la coordinación necesaria para mantener viva una tradición que no es solo estética, sino también esfuerzo, oficio y comunidad.

El desfile estuvo encabezado por el pendón de la Cofradía de la Virgen de la Concha, patrona de Zamora, que este lunes celebrará su tradicional romería hacia La Hiniesta. Tras él, fueron sucediéndose los distintos estandartes llegados desde diferentes territorios del antiguo Reino de León y del entorno transfronterizo, en una muestra de identidad compartida a ambos lados del Duero.

Al término del recorrido, la plaza de la Catedral se convirtió en el gran escenario final de una mañana marcada por la tradición y el orgullo concejil. Desde la organización se insistió en la necesidad de conservar y transmitir este patrimonio a las nuevas generaciones, no como una reliquia del pasado, sino como una expresión viva de los pueblos.

Llegada de pendones a la Plaza de la Catedral / Foto de Arturo Blanco Carrascal

El congreso también puso el acento en la conservación material de los pendones: cómo guardarlos, transportarlos y restaurarlos para evitar deterioros y permitir que puedan seguir saliendo a la calle durante generaciones. Muchos de ellos están elaborados con telas delicadas, bandas cosidas e hilos metálicos, por lo que su mantenimiento exige conocimiento y cuidado.

Para Sayago, la presencia de los Viriatos en Zamora tuvo un valor especial. No fueron unos pendones más dentro del desfile. Fueron la imagen de una comarca que conserva una de sus señas de identidad más profundas: la unión de sus pueblos en torno a la Virgen del Castillo, la memoria compartida y el paisaje único de los Arribes del Duero.

El viento puso a prueba a los pendoneros, pero también regaló algunas de las estampas más espectaculares de la jornada: los grandes estandartes ondeando sobre Zamora como símbolo de una tradición que sigue en pie.

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