Almeida de Sayago y Pereruela, con la Vaca Bayona y la Vaca Antrueja, representan a una comarca que conserva vivo un patrimonio ancestral, mientras la memoria de antiguas mascaradas desaparecidas reclama también su lugar.
Las mascaradas de la provincia de Zamora recibirán el próximo sábado 13 de junio, en Moraleja del Vino, el Premio Tierras de Zamora al Patrimonio Cultural, un reconocimiento concedido por la Diputación de Zamora dentro de los actos del Día de la Provincia 2026. El galardón ha sido otorgado ex aequo a las asociaciones de máscaras de la provincia y, a título póstumo, al historiador del arte y sacerdote José Ángel Rivera de las Heras, figura clave en la defensa, estudio y difusión del patrimonio zamorano.

El premio reconoce el trabajo de quienes han mantenido, recuperado y divulgado una de las manifestaciones más singulares de la cultura tradicional zamorana: las mascaradas de invierno y carnaval. Ritos de raíz ancestral, con máscaras zoomorfas, cencerros, carreras, ruido, inversión del orden cotidiano y una fuerte carga simbólica, que forman parte de la identidad profunda de muchos pueblos de la provincia.

En la comarca de Sayago, este reconocimiento tiene dos nombres propios actualmente activos: Almeida de Sayago y Pereruela. En Almeida se conserva la Vaca Bayona, una de las mascaradas zoomorfas más representativas de la comarca, celebrada en torno al carnaval y vinculada a la memoria popular del pueblo. La Diputación de Zamora recoge que la Vaca Bayona sobrevive hoy en Almeida de Sayago y que se celebra el Domingo Gordo y el Martes de Carnaval.

En Pereruela, el protagonismo recae en la Vaca Antrueja, recuperada y defendida en los últimos años por el Grupo de Baile Los Alfares de Pereruela, una asociación que ha convertido la recuperación de esta mascarada en una labor cultural, vecinal y divulgativa. Desde la propia asociación subrayan que recibir el Premio Tierras de Zamora supone “un reconocimiento al arduo trabajo que hay detrás para que nuestra identidad como perigüelanos se mantenga y perdure en el tiempo”.

La Vaca Antrueja ha vivido en 2026 un año especialmente importante. Los Alfares destacan la respuesta popular lograda durante el sábado de Carnaval y recuerdan que la recuperación de una tradición de estas características no puede sostenerse solo desde una asociación: necesita pueblo, apoyo vecinal e implicación institucional. En ese sentido, la asociación agradece el respaldo del Ayuntamiento de Pereruela y de la Diputación de Zamora, aunque también advierte de una realidad evidente: para divulgar este patrimonio fuera de la provincia hace falta más financiación y continuidad.

El sábado 13 de junio, el Grupo de Baile Los Alfares de Pereruela estará en Moraleja del Vino “por doble partida”: actuando con el folclore de la provincia y recogiendo el Premio Tierras de Zamora al Patrimonio Cultural. Para la asociación, este reconocimiento puede marcar “un punto de inflexión” en la proyección de una mascarada que representa no solo a Pereruela, sino también a una forma de entender la cultura popular desde la raíz.
Pero el premio también invita a mirar más allá de las mascaradas que siguen vivas. Sayago conserva la memoria de otras manifestaciones que existieron en pueblos como Carbellino, Sobradillo de Palomares, Alfaraz, Viñuela, Mayalde o Torregamones. En algunas de estas localidades se recuerdan figuras como la Vaca Bayona, mientras que en Viñuela de Sayago pervivió la memoria de La Mula, otra expresión del viejo ciclo festivo vinculado al carnaval y a los ritos de invierno.
Ese es quizá el valor más profundo del reconocimiento: no solo premia a las asociaciones que hoy mantienen la llama encendida, sino que también obliga a la provincia a preguntarse cuántas tradiciones se han perdido por falta de transmisión, despoblación o desinterés institucional. Las mascaradas no son una curiosidad folclórica ni un simple desfile pintoresco. Son memoria colectiva, lenguaje simbólico, identidad rural y patrimonio vivo.
Sayago llega a este Premio Tierras de Zamora con dos asociaciones activas, Almeida y Pereruela, pero también con una historia mucho más amplia que merece ser estudiada, documentada y, cuando sea posible, recuperada. Porque cada máscara que vuelve a salir a la calle no solo anima una fiesta: devuelve a un pueblo una parte de sí mismo.
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