Del ranario a la mesa: una jornada gastronómica descubre las ancas de rana de Carbellino

Un grupo de profesionales y aficionados a la hostelería visitó las instalaciones de Singular Grenoucerie y completó la experiencia con una comida en Casa Encarna, donde pudo degustar uno de los productos más singulares de la gastronomía local.

Un grupo de amigos vinculados al mundo de la hostelería cambió por un día sus habituales encuentros en restaurantes por una experiencia diferente: conocer el ranario de Carbellino de Sayago y descubrir después en la mesa las posibilidades gastronómicas de las ancas de rana.

El grupo acostumbra a reunirse prácticamente todos los meses para comer o cenar en establecimientos diferentes, compartir experiencias y conversar sobre cocina, producto y restauración. En esta ocasión decidió ir un paso más allá y acercarse al origen de un alimento todavía desconocido para buena parte del público.

La jornada comenzó con una visita a las instalaciones de Singular Grenoucerie, en Carbellino. Allí, los participantes pudieron conocer el proyecto, el funcionamiento del ranario y el trabajo que existe detrás de la producción de rana destinada a la gastronomía.

Entre los asistentes había personas vinculadas a la hostelería de Benavente y su entorno, Valderas y Madrid, además de una participante natural de Las Torres de Cotillas, en Murcia, residente desde hace alrededor de una década en Benavente.

Uno de los impulsores de la visita fue José Luis Santos, chef ejecutivo de El Ermitaño, que mantiene desde hace tiempo una estrecha vinculación con Singular Grenoucerie. El cocinero trabaja para dar a conocer este producto y defender sus posibilidades culinarias, una labor por la que recientemente fue definido por la periodista Isabel de la Calle como “uno de los grandes embajadores del producto”.

Después de conocer el ranario, la jornada continuó en Casa Encarna, también en Carbellino. Las ancas de rana fueron uno de los platos protagonistas de una comida en la que tampoco faltó un cocido, acompañado por una larga sobremesa y conversación entre amigos.

La experiencia permitió a los participantes completar todo el recorrido: conocer primero el lugar donde se produce la rana y probarla después en la mesa. Una fórmula que une gastronomía, territorio y divulgación y que puede contribuir a situar a Carbellino como destino para quienes buscan productos y experiencias diferentes en el medio rural.

Porque, para conocer verdaderamente un producto, no siempre basta con encontrarlo en el plato: en ocasiones hay que viajar primero hasta su origen.

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