Un relato de José Vicente de Villamor
Quería yo, galán, esta vez escribirte un relato de por estas fechas, vamos, días arriba días abajo, cara a la Semana Santa que ya empezaba a haber andurinas en los hilos de la luz y los días unos salen espargidos y otros salen entoldaos.

Lo que no puedo precisarte es el año, pero bueno, toma como referencia que es de cuando a ordenar la casa se llamaba destrabesar, a la cuna se le llamaba bercio, el bacalao y el escabeche eran baratos, aunque to los años encariarían alguito. Y ahí quería yo llegar, al escabeche, y no cualquier escabeche, al ESCABECHE DE TONEL…
El escabeche de tonel era mi rico, pero mucho mucho, alguna escama dura tenié, pero las menos.

Las sardinas eran grandes y tenían curtidas hasta las espinas gordas, que algunas veces se tiraban pal cacharro del gato y otras, al igual que las escamas, se mascaban para exprimirle aquel gustoso sabor a vinagre.

Los viernes de la cuaresma se hacía de viernes, abstinencia dieron en llamarlo, que así decía el Catecismo, es decir, no se comía carne.
El cambio no era del todo malo. Por la mediodía a los garbanzos le echaba tu madre unas cachas de patatas, picadas algo gordas, y en vez de tocino, unas raspas de bacalao pa que cogieran el gusto, y encima los asazonaba, en vez de con manteca, con aceite, y no con cualquier aceite, no, con aceite de Fermoselle, que ponías un chorretón en la sartén y cuando se calentaba aumentaba metá por metá.
¡Y quién te dice a ti, que en vez de tocino y un cachico longaniza de las de callos no pusiera tu madre una media fuente de huevos cocidos con bacalao hecho tiras!, otro chorro de aceite, unos cascos de cebolla y unas patatas marraneras… ¡Pues alguno de los viernes bien pudiera ser!
A la noche una cazolada de patatas. Algo lavadas solían estar, porque no tenían sazón, pero si le habían quitado los grillos a tiempo, bien que te gustaban.
¡Y quién te vuelve a decir a ti que detrás no hubiera unas sardinas grandes de escabeche con bastante moje! Y ya… como el pan fuera reciente, y la hogaza estuviera recién encetada, ¡excuso decirte!
Y dicho esto, ¡el haber hecho de viernes no estaba del todo mal!
Y te dejo un refrán:
Castellano ayunante, mal para el pan del día de adelante
El autor de estos relatos, José Vicente, escribió un libro de la pandemia pacá… si alguno está interesado, razón aquí

