Cuelga tú… no tú! Las mujeres fermosellanas culminan la decoración de la última cabina de la Villa

Y para celebrarlo, Aurora Cortés, vecina de la localidad, ha escrito este bonito relato

Hoy quiero contaros mi historia, una historia que comienza en Fermoselle hace 40 años. Llegué con dos hermanas, una en la Plazuela y otra en la plaza vieja, y una prima, en Santa Colomba.

Hoy quiero contaros mi historia, una historia que comienza en Fermoselle hace 40 años. Llegué con dos hermanas, una en la Plazuela y otra en la plaza vieja, y una prima, en Santa Colomba. Me instalaron junto a la iglesia cerquita de la plaza mayor. Desde el primer día me encantó el sitio porque desde allí veía pasar la gente toda elegante para ir a misa, para tomarse unos pinchos, para ir al mercadillo cada sábado final de mes, los novios llegando a la iglesia con los invitados, escuchaba la música de las verbenas y los mozos corriendo en el encierro. Recuerdo a muchos metiéndose dentro e incluso arriba para que la vaquilla no los pillaste.
Conversaciones entre padres e hijos, novios y amigos:

¡Mamá aprobé el exàmen de bioquímica!
Hijo ¿que tal te tratan en la mili?
El abuelo está muy malito
¡Que la niña se nos casa!
¿Venís este año a las fiestas?
¡Que somos abuelos!
Hijo,¿ comes bien?Te mando unos chorizos.
¡Que se me acaban las monedas!
Cuelga tú, no tú primero, no tú mi amor…
Cuanto te extraño…

Yo era feliz. Pero poco a poco todos tuvieron teléfono en casa y más tarde fueron apareciendo los móviles. Y un día se llevaron a mi prima y al poco a mis hermanas y eso me entristeció.
Y pasó el tiempo y ya nadie entraba a hablar en la cabina. Los niños jugaban conmigo al escondite, a las muñecas cuando llovía y sobre todo a los toros. ¡Como le gustaba jugar conmigo a las vaquillas!
Seguía pasando el tiempo y ya nadie me miraba. Y me pegaban carteles y más carteles que se hacían añejos. Y pegatinas ¡Y hasta chicles¡ Iban quedando restos de adhesivos y de celofán. Y perdí las dos puertas Ya nadie me lavaba y me encontraba muy sucia.
Y un día las mujeres de Fermoselle se acordaron de mí. Oyeron que me querían llevar a la chatarra. Y es allí que se pusieron a tejer para pasar el rato porque muchas estaban muy solas durante la pandemia. Aquello las unió y ya no veían la tele. Se cambiaron colores, recordaron lo mucho que les gustaba tejer y se sintieron contentas entre lanas y agujas

La semana pasada me quitaron todos los carteles, las pegatinas y el fixo. ¡Y me dieron un baño que agusto me encontré!

Hoy me han traído un vestido muy bonito, de muchos colores que me sienta estupendo. Y aquí estoy yo feliz de que la gente me vuelva a mirar y que estén orgullosos de mí. Incluso me han dejado un par de libros para que pasen y lean.

Gracias a todas esas mujeres de la asociación de Fermoselle que me han devuelto a la vida

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