Así era el día de San Antón en algunos #pueblosdesayago en los años 40 o por ahí

Y la canción popular dice así…

San Antón tenía una burra
con su albarda y su albardón
y los frailes le decían
la burra de San Antón.
Que le den posada a los de San Antón
que le den posada en el vuestro mesón.

Según deja entrever el cantar, se conoce que los frailes de San Antón no eran muy buenos pagadores, porque le daban posada si, pero en el mesón del vecino, o velahí que quisieran pagar en oraciones, ¡Qué también pudiera ser!

17 de enero, Día de San Antón o San Antonio Abad


El 17 de enero se celebraba San Antón, y hasta los años cincuenta era un día, cómo poco, pintoresco. En esas fechas no había mucho que hacer, atender las vacas y poco más, por lo que la gente acudía pallí arriba pa la plaza, y aparte de oír misa se veían unos con otros, ahora que había buen vagar.

EL PATRÓN DE LOS ANIMALES


El amo y el ama de San Antón, que cada año era un matrimonio diferente, eran los encargados de tener el altar arreglao, mantel limpio, candeleros y palmatorias relucientes y las velas en buen uso.

Por ser el patrón de todos los animales y en particular de los cerdos, había que pedir por ellos, pa que no se murieran ni se pusieran malicos de la capadura, que ya todo el mundo tenía compraos los gurriatos, también llamados camperos, así que ese día la iglesia se llenaba.

«LOS SANTOS NO COMEN»


Durante muchos años el hombre o la mujer de cada casa llevaba voluntariamente un trozo de tocino, pistorejo, pata, alguna morcilla, incluso algún pitarro de longaniza para el Santo. Bien es sabido que los santos no comen -ya te lo recordaban algunos vecinos cuando eras regidor e ibas pidiendo por las casas- así que el amo de San Antón recogía en un cesto los presentes y a la salida de misa los subastaba en el portal de la iglesia. Solía quedarse con ellos alguno que no hiciera matanza o algún otro, que aún haciéndola, le pareciese que con lo suyo no le iba a bastar pal año.

Hasta la hora de comer se podía organizar algo de pelota pa calentarse si hacía frío y si hacía bueno o regular, ya se sabe, era el entretenimiento habitual a la salida de misa. Por la tarde al rezo del rosario acudía menos gente y eso que después a la salida hubo años de hacer algo de baile allí por la plaza, hasta el toque de oración; pero se conoce que el frío y el tiempo desapacible no animaba mucho y la gente prefería quedarse en casa a la lumbre asando alguna castaña que hubiera sobrao de la Navidá (o alguna bellota, que a falta de castañas, bien buenas eran).

Dao el día que es no puede faltarnos el refrán más apropiao:

«Por San Antón la pita pon, pero la regalona, que la otra no»

José-Vicente de Villamor de la Ladre. Otro de los relatos del mes de Enero.

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