Miguel, el abuelo de Muga que podía parar el tiempo…

El otro día @2609lugp, a través de Instagram, nos mandó varias fotografías de Muga de Sayago, pueblo del que desciende su familia. En el mensaje había fotos de un nido de cigüeña, un parque, un burro asomando el hocico sobre una pared… pero, en la última, unas manos ancianas sujetaban con cariño un reloj de bolsillo de la marca Sonitec…

Y al terminar el envío, dejaba el siguiente mensaje:

Esta última foto es muy significativa para mi… mi abuelo y su reloj

reloj de bolsillo de Miguel
Manos ancianas sujetando un reloj @2606lugp

Y la curiosidad me pudo: “Me encanta la foto de las manos del abuelo sujetando el reloj. Sí me cuentas algo más, escribo algo sobre él

Lu accedió…

Y aquí está la historia…

Miguel Paniagua, el dueño del reloj, es un vecino de Muga de 102 años…

Manos de anciano centenario
Las manos de Miguel Paniagua están repletas de historias

que cumplirá 103 el próximo día 10 de junio de 2020.

Vive en la residencia de Muga, ya que es viudo desde hace muchísimos años. Tiene un hijo, y una hija (la madre de nuestra confidente) que falleció hace 7 años.

Tiene cuatro nietos y un biznieto que es su alegría cuando va a visitarlo… Miguel ha vivido la guerra… (silencio)

La comunicación se corta durante unos minutos, pero, tenía la necesidad de saber más de Miguel, así que no tuve más remedio que seguir preguntando…

¿Ha vivido siempre en Muga? ¿A qué se dedicaba? ¿Qué anécdota de los tiempos pasados cuenta con más cariño?

Y Lú, con infinita paciencia… me explica…

Siempre ha vivido en Muga. Su oficio, como el 90 por ciento de los sayagueses de primeros de siglo, labrador. Un labrador polifacético pues, aparte de ganarse el pan en el campo, realizaba todo tipo de faenas, entre ellas, el transporte de piedras para construir y restaurar las típicas paredes de piedra que jalonan los caminos de la comarca de Sayago.

Y, entregado completamente a la historia, seguí insistiendo:

Fíjate, nuestros abuelos son la leche! ellos sí que han pasado por penalidades y por trabajos duros de verdad. (¡Cuánto tenemos que aprender de ellos!) ¿Estuvo en la guerra? ¿En qué zona?

Y Lú responde de manera de manera escueta, por Toledo, creo recordar.

Y la conversación termina. Me quedo con ganas de más, pero… las obligaciones mandan.

Y, tras la despedida, cada uno vuelve a su faena diaria, a su rutina…

Pero el relato de Miguel estaba ahí. El de un abuelo de Muga que nació en 1917, en plena Revolución Rusa, que sobrevivió a la mal llamada Gripe Española, una pandemia que asoló Europa desde el verano de 1918 y de la que nuestros abuelos nos hablaban con verdadero pavor. El comienzo de la Guerra Civil le pilló con 19 años, por lo que, no tuvo más remedio que ir al frente (pero volvió). En su larga trayectoria vital, ha vivido otros acontecimientos que, para muchos de nosotros, sólo aparecen en los libros de historia: la II Guerra Mundial, la llegada del hombre a la Luna, la Crisis del Petróleo, la Transición Española… la emigración de muchos paisanos, primero a Latinoamérica, luego a Suiza, Holanda, Alemania… y la marcha de los hijos, a otras regiones como Madrid, País Vasco, Cataluña, Levante…

Miguel es memoria viva de nuestro país, de nuestra comarca, de nuestra gente. Es el único superviviente de una larga lista de hermanos; viudo desde hace muchos años y que ha pasado por la dramática experiencia de despedirse de una hija (cuando la ley natural debería prohibir que un padre tenga que pasar por ese dolor).

Pero Miguel sigue, disfruta de una vida sencilla en la residencia, en su pueblo… Alegrándose cuando sus familiares (especialmente su biznieto) van a visitarle.

Miguel pasea con su biznieto
Miguel pasea de la mano de su biznieto

Porque Miguel, sin saberlo, lo tiene TODO. La serenidad que dan los años. La paz de haber cumplido en la vida, pero las ganas de seguir adelante, a pesar de las dificultades…

… y la virtud de poder parar el tiempo

Gracias Lu por acercarnos a la maravillosa historia de Miguel. Y gracias Miguel, por ser MEMORIA VIVA de la comarca de Sayago

Miguel Paniagua, sentado con su cayata

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